El sustituto

“Un señor con levita que se parece a Pushkin viene por el pasillo”, dijo González, que siempre nos servía de oteador desde el quicio de la puerta. Entró en el aula como si nada, con su aire desaliñado y desgarbado y sus ganas de hacer de nosotros algo distinto a lo que el destino nos tenía reservado. Nos habló de Literatura, de ideas que te hacían libre y palabras que te elevaban más allá de las colinas que bordeaban el valle. Después del invierno se fue, como todos los profesores sustitutos. Lo vimos alejarse desde la ventana cuando alguien susurró: “siempre se van los mejores”.

Gafas libro

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Un disparo

-“Nuestros mismos ojos” –dijo sin apartar el fusil de la cabeza de aquel desgraciado postrado de rodillas en el suelo.

Arma

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-“¿Qué insinúas?”

-“Nada, mi capitán”, solo digo que me está mirando fijamente y veo en los suyos nuestros mismos ojos.

-“¿Te atreves a desobedecer una orden?”

El disparo sonó a hueco en medio de aquella nada. El desgraciado se irguió, se limpió las salpicaduras de sangre que habían llegado hasta su cara y lo miró por última vez antes de salir corriendo y perderse en la noche.

Disciplina doméstica

– Este se va a enterar de lo que vale un peine. La habitación sin recoger, ¡pero si parece una leonera! ¡Ay, por Dios! ¿Cómo podrá vivir con este desorden? Y, ¡míralo! ¡La basura sin sacar! Pues yo no pienso hacerlo, ¡ya está bien! ¡Pablo, ven aquí!

Los pies desnudos de Pablo se oyen acercarse por el pasillo.

Madre e hijo

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– ¿Qué pasa, mamá?

-¿Que qué pasa, tú ves normal todo esto? ¡Y encima descalzo!

– Jo, mamá, lo siento. ¿Me haces un zumo de naranja?

La madre sostiene unos segundos la dura mirada inquisitiva antes de responder.

– Claro, cariño.

Debajo de sus camas

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas, aunque saben sobradamente que no es el mejor sitio. De madrugada les molestan con sus sollozos interminables y durante el día su sola presencia, aunque sea debajo de sus camas, les inquieta hasta el punto de hacer imposible la convivencia en la planta baja de la casa.

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Algún día tendremos que tirarlos – le repitió ella, impávida, desde el fondo del pasillo.

-Creo que están mejor en el desván.

-El desván tampoco es sitio para guardar nuestros sueños.

Papá

Las besa con suma conciencia para no equivocarse y les dice su nombre a menudo sin dejar de sonreír.

– ¿Cómo has visto a papá? Apenas consigue terminar la pregunta sin llorar.

– Al menos hoy se acordaba de nosotras.

Abuelo

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El beso

Las besa con suma conciencia para no equivocarse. Ella nota en su frente los surcos de esos labios secos que llegan incluso a arañarla suavemente. ¿Por qué en la frente? – Se pregunta confusa mientras el fuerte olor a puro habano que exhala su boca se mezcla con las notas dulces de una colonia que quiere traerle recuerdos de su infancia. Por un momento deja de escuchar la música del piano que tocaba de fondo y todos sus sentidos se centran en ese olor.

Cuando sale del restaurante, al fondo del callejón, la esperan dos hombres armados.

Mafia

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Mamá

La inquisición no tardará en llegar y ella apura sus últimas sonrisas antes de sumirse en esa especie de estado catatónico en el que se ha convertido su vida. A menudo le preguntan por el secreto de una piel tan tersa a su edad: sin arrugas, sin cremas, sin señas de haber realmente vivido, en definitiva.

Abuela

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El sonido de unas babuchas que se arrastran por el pasillo se clava en sus oídos con una ponzoña para la que no tiene antídoto.

¿Te ayudo, mamá? –le dice automáticamente.

Allá en el desván

Y allí sigue, en silencio, acumulando polvo, junto al proyector de cine, el barco pirata y la nave espacial. A veces nos acercamos a verlo, sobre todo cuando se acerca alguna fecha especial como la noche de Navidad. La verdad es que nos gustaría ir también en su cumpleaños, pero fue hace ya tanto tiempo que nadie con vida recuerda la fecha exacta. Los niños se adentran temerosos en el desván y los mayores, que ya pasamos por eso en nuestra infancia, les agarramos la mano con firmeza y les decimos con ternura: tranquilo, cariño, es solo el cuerpo incorrupto de tu abuelo.

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El ático

Tanto visitante inesperado terminó por despertar la curiosidad de los vecinos. La anciana del 3ºD argumentaba que aquellas jóvenes no le entraron por el ojo desde el principio, seguramente por sus pintas, pensaron los demás.

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El peluquero del bajo siempre sostuvo que vendían droga y discutía frecuentemente con el vecino del 5ºA, el médico, que aseguraba que allí habían montado un burdel clandestino.

Una noche, reunida la comunidad, decidieron subir al ático y salir de dudas, pero sólo encontraron una orden de desahucio clavada en la puerta de aquella vivienda abandonada desde hacía meses.

@relatwitos

Especialista en lunas

               Me sorprendió su dedicación: “especialista en lunas”, dijo clavando en algún recóndito lugar de mi interior su mirada. Enseguida nos imaginé viajando a un satélite iluminado por los rayos de un sol en continuo atardecer rojizo. Desde allí la Tierra se veía extrañamente apacible y hospitalaria y un continuo murmullo de mar que arrulla en la orilla llegaba a nuestros oídos propagado por el silencio sideral que nos separaba de aquellas playas.

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            Había lunas que latían como mi corazón y se dejaban contagiar, casi sin pretenderlo, por mi estado de ánimo. Algunas eran ansiosas, con una prodigiosa tectónica de placas que sacudía la superficie con unos escalofríos que me ponían la piel de gallina. Otras eran melancólicas, lúgubres, tenues. En ellas los días eran continuas noches en vela vagando apresuradamente de un pensamiento a otro, y de allí al siguiente con el único testigo de un reloj que, cada minuto, agotaba el tiempo de mi existencia.

            Nunca encontramos una luna de miel. Quizá fueran de un material tan poco consistente que nunca llegaban a solidificarse y siempre terminaban absorbidas por el planeta al que intentaban orbitar.

            Durante un tiempo estuvimos habitando una luna de San Juan. Desde ella solíamos observar, de la mano, las formidables mareas de allí abajo y las hogueras en las que los humanos formulaban, año tras año, los mismos deseos con la esperanza de que, tal vez, aquella ocasión fuera la definitiva.

          Conocimos lunas desiertas, lunas que, en realidad, no eran lunas. Sanul (una especie rara de lunas del revés), lunas de lunares, lunáticas, lunas de las que acababan de partir parejas como nosotros…

            En realidad siempre supe que solo era cristalero. Pero lo dos fingimos no habernos dado cuenta.

@Relatwitos